¿Sabes cuál es el consejo que más escuchan las personas que viven al límite?
Relájate.
Así, en imperativo. Como si no lo hubieran intentado ya cien veces. Decirle a alguien que vive en alerta que se relaje es como decirle a alguien que se ahoga que respire.
Y no viene solo. Detrás llegan «eres demasiado sensible», «son nervios», «no le des tantas vueltas» y el clásico de consulta: «las pruebas están bien».
